Hacía un buen día en Nueva York. Frankie se despertó a causa de los rayos de sol que entraban por la ventana. De repente miró al despertador y eran las 10 de la mañana. Frankie saltó de la cama, se vistió y se fue, ya que hoy era su primer día de trabajo en el mercado.
Al llegar se disculpó con su nuevo jefe, se puso de delantal y empezó a trabajar. Él vendía flores y objetos de jardinería.
Pasaron horas y horas, llegaron las 5 de la tarde y Frankie aún seguía en el mercado, estaba muy aburrido. Había hecho alguna venda pero ese trabajo no le motivaba mucho. Y de repente, mientras miraba la parada del lado, vio a la trabajadora, era una chica con un rostro bastante familiar y era preciosa. Frankie sabía que él y había visto ese rostro. Así que esa chica le hizo tener ganas de no dejar ese empleo. Un día Frankie decidió ir a hablar con ella. Se saludaron y se pusieron a charlar y a reír. Y de repente:
-Oye, que no se tu nombre.- dijo Frankie.
-¡Ay!, es verdad, me llamo Sydney, ya se que te parecerá raro, pero mi madre nos puso nombres de ciudades a mí y a mis hermanas.- dijo la chica.- Y tú, ¿Cómo te llamas?
La cara de Frankie se alegró, estaba muy contento de haber encontrado a Sydney. Su antigua amiga estaba delante de él.
-Hey tú,¿ Se te ha comido la lengua el gato?- dijo la chica con un tono burlón.
- Sydney, ¡Soy Frankie!
Sydney no se lo podía creer, lo abrazó muy fuerte. Se pusieron al día de todo. Cada día, quedaban y rememoraban esos viejos tiempos, que hay bastante que contarse al cabo de diez años sin verse.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada